La máquina pide lo mismo en todos lados: agua, desagüe y electricidad. Lo que cambia es de dónde sale el dinero. En una gasolinera o un lavadero, el cliente ya está ahí por otra cosa y la cabina cobra por sí sola; lo que se compra es una línea de ingreso sobre una instalación que lleva años pagada.
En una peluquería, una veterinaria o una tienda, el valor no es lo que cobra la máquina sino la hora de personal que libera y la frecuencia con la que vuelve el cliente. En hotelería y ocio, lo que se evita es el coste de limpieza y la queja del huésped. Y en refugios, unidades caninas o instalaciones públicas no hay que resolver cobro: lo que se gana son las horas que hoy consume bañar a mano.

Ya tiene agua, desagüe, luz toda la noche y una tienda. La cabina funciona 24 horas y mantiene al conductor dentro de la estación durante todo el lavado.
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La instalación más rápida de todas: acometida, arqueta, separador y hábito de pagar en máquina ya resueltos hace años.
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Veinte minutos más de permanencia por familia. Las políticas pet friendly se copian en un mes; una instalación fija, no.
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El reglamento ya exige que la mascota viaje limpia y en guacal, y el pasajero llega sin dónde cumplirlo. Es de los pocos sitios donde el servicio no se vende: se necesita.
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Agua, desagües sobredimensionados y un cliente que ya sabe usar una máquina de autoservicio. El encaje más barato de todos.
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El baño es el servicio que peor paga la hora de trabajo. La cabina se lo lleva y su peluquero se queda con el corte y el deslanado.
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Baños previos a consulta, postoperatorios y gatos, con desinfección automática de la cabina entre un animal y el siguiente.
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El cliente entra a por pienso cada seis semanas; a bañar al perro, cada quince días. La misma visita pasa por delante de sus estanterías.
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Casi todos los autobaños de la región funcionan con tina y regadera, y el cuello de botella es la persona que lava. La cabina automática libera esa jornada.
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El día de recogida es cuando el dueño juzga su trabajo. El baño de salida deja de comerse la mañana de un cuidador.
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Doce perros salen entre las cinco y las siete. El baño de recogida es el suplemento que se vende sin explicación.
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Aquí se lava por sanidad, no por estética. La cabina se desinfecta sola entre líneas distintas y no lleva aromatizantes.
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Admitir perros deja de significar moqueta perdida y recargo de limpieza. El huésped baña al animal antes de subir a la habitación.
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El bloque de servicios ya tiene agua, desagüe y corriente. Se pasa de prohibir bañar perros en las duchas a cobrar por hacerlo bien.
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Ya vende agua, vaciado y electricidad sin personal. El perro que viaja dentro tiene el mismo problema y ninguna solución.
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Sal y arena en el pelo, y ninguna ducha de playa pensada para un animal. El puesto manual de repaso es lo que la hace funcionar aquí.
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El agua tratada queda en el pelo y el perro se sube así al vehículo. Una cabina en la salida, justo cuando la familia ya piensa en el regreso.
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La foto del anuncio decide la adopción. Y el baño de ingreso protege a los otros veinte animales de la instalación.
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Centros de bienestar animal, parques caninos y refugios municipales. Sin terminal de pago que resolver, y con la documentación técnica que pide un expediente de compra.
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Lavar y secar a mano un pastor belga ocupa a un guía más de una hora. Ese tiempo vuelve al adiestramiento.
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El perro deja de subir embarrado por el portal y el ascensor. Es el argumento que convence en junta al vecino que no tiene animales.
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Mastines, perros de caza y de ganado que no caben en ninguna bañera. Su cliente ya viene cada mes por el saco.
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Qué local sirve, qué acometidas necesita, qué preguntar en su ayuntamiento y cómo calcular el retorno con sus números.
Ver más →Cambia el argumento comercial, no la instalación.
Acometida de agua fría, un sumidero o bajante y corriente monofásica. Las cabinas grandes piden 4300 W y la Mini funciona con 1870 W en una toma de corriente común. No hace falta trifásica en ningún caso.
El ciclo va solo y la cabina se desinfecta sola después. Su personal repone shampoo y hace una revisión visual en la ronda habitual.
Terminal Nayax para autoservicio, interfaz MDB o Pulse para montar el terminal de su país, o arranque con un botón y cobro en el mostrador. Los métodos disponibles dependen del país y del adquirente.
Backend independiente y gratuito, con informe por máquina. El lavado de mascotas no se mezcla con el resto de su facturación ni le obliga a tocar el sistema que ya usa.
Díganos el país, el tipo de local y cuánto hueco tiene. Le respondemos con propuesta de modelo, precio y opciones de envío en 24 horas laborables.
Sin spam. Sus datos se usan solo para preparar su cotización.
La máquina funciona en cualquier local que tenga agua, desagüe y corriente monofásica, y clientes que lleguen con animales: tiendas de mascotas, residencias caninas, hoteles, comunidades, centros comerciales, campings. Cuéntenos el suyo en la solicitud de cotización y le decimos qué modelo encaja.
Sí, y es habitual cuando hay espacio. La PetWash Store mide 780 mm de ancho precisamente para poder alinear varias en el mismo frente de pared. Cada una aparece por separado en el backend, con su propio informe de ingresos.
Tres conexiones y poco más: agua, desagüe y electricidad. La hace cualquier instalador de su zona con el plano que le enviamos, y le acompañamos por videollamada en la puesta en marcha.
La Max, la Pro, la Store y la Tub llevan carrocería de acero para intemperie y trabajan de −10 °C a 55 °C, así que van en los dos sitios. La Mini es solo de interior.